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Palimpsesto de sueños de las mujeres que cuidan hogares ajenos

Las mujeres más modestas, que hacen el trabajo más callado y amoroso, tienen voz en la muestra Red(Unión) de la Casa Nacional del Bicentenario. La artista Paula Toto Blake recopiló durante 14 a...

Las mujeres más modestas, que hacen el trabajo más callado y amoroso, tienen voz en la muestra Red(Unión) de la Casa Nacional del Bicentenario. La artista Paula Toto Blake recopiló durante 14 años palabras, retratos, sueños y dolores de mujeres dedicadas al trabajo doméstico, y con ellas armó un palimpsesto de sentires en videoinstalaciones y retratos.

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“Hay un tipo de movimiento que el mundo necesita, pero prefiere no ver. Cada día, miles de mujeres cruzan fronteras cargando valijas que guardan lo que ninguna lista podría nombrar: el olor de sus hijos, la voz de su madre, la tierra húmeda de algún patio que quizás no pisarán por años. Viajan para cuidar. Para sostener vidas ajenas con las mismas manos con las que sostuvieron las propias”, dice la curadora Florencia Battiti. Toto Blake, entonces, las escucha. “Propone un espacio donde las voces de estas mujeres —trabajadoras invisibles, sostén de hogares en dos países, ciudades o continentes a la vez— puedan resonar sin ser reducidas a una estadística”, escribe. Ellas hablan del sueño de una casa propia, los estudios de un hijo, un futuro distinto, la soledad de los días de descanso, la culpa de no estar, el haber dejado atrás a los hijos para cuidar a otros en un país ajeno, el amor a través de pantallas. Hablan con los ojos cerrados, como soñando, y aquello que sueñan se proyectan sobre su propia imagen.

“El trabajo de cuidado ha sido históricamente subvalorado y dado por sentado, como si fuera una capacidad natural e innata en la mujer. Pero cuando esa mujer ha dejado atrás su tierra y los suyos, empujada por la distancia que separa la necesidad de la oportunidad, esa invisibilidad se multiplica. Las obras de Paula Toto Blake se resisten a ese silencio e insisten en que detrás de cada par de brazos que se ocupa de un niño o un hogar ajeno, hay una historia que merece ser contada en primera persona”, escribe Battiti.

“Todo mi trabajo habla de la casa, de lo doméstico como elemento metafórico para hablar de temas autobiográficos o sociopolíticos –cuenta la artista–. En este caso, la obra partió de una experiencia docente en el 2014, antes de ser madre, en barrios vulnerables. Yo veía a las mujeres migrantes que vinieron a trabajar, dejando sus propias familias en sus países de origen. En un taller de arte reciclado que hicimos con niños y con mujeres, empecé a pensar sobre estos vínculos que se tejen en el interior de la casa. Antes había trabajado en otros proyectos con la casa desde lo arquitectónico, del continente. En este caso es la casa emocional, la intimidad de la casa, los cruces y los vínculos que se tejen, una red de contención, cuidado tras cuidado. Después de ser madre, también necesité ayuda y las mujeres que a mí me fueron ayudando eran de República Dominicana. Me contacté con una comunidad y les hice escribir sus sueños. Y ahí empezó todo el proyecto, al querer honrar la vida de estas mujeres que nos cobijan, que nos contienen, que colaboran en la crianza. Tomé una frase que me gusta mucho, que es de Paul Preciado, que dice que no es verdad que solo tengamos una madre. El cuerpo social nos acoge con muchos brazos, si no, no podríamos sobrevivir”.

A las mujeres que entrevistó les pedía que escribieran sus sueños antes de venir a Argentina. “Todo esto conformó una red, una especie de constelación o sinfonía de voces”, dice. Toto Blake fue haciendo residencias en ciudades de México, Francia, Estados Unidos y Australia y siguió entrevistando mujeres que cuidan. A México llegó por una invitación de la artista Ana Gallardo. “No había una migración externa desde otro país, sino que las cuidadoras viajaban dentro de México. Casi todas eran del sur, de los pueblos originarios, que iban a la gran ciudad a trabajar. Algunas cuidadoras tenían la misma edad que los chicos que cuidaban. Muchas habían perdido la infancia o la adolescencia. Otras se quedaron sin trabajo por quedar embarazadas”, cuenta. Continuó en Francia, durante la residencia artística en la casa de Dora Maar, recolectando las experiencias de mujeres latinoamericanas, europeas y africanas que emigraron a Marsella y a París. “Allí tuve la posibilidad de entrevistar a mujeres de Cabo Verde, de Ucrania y latinoamericanas. Les preguntaba cuáles eran sus sueños, y con qué elemento migraban. Porque el cuerpo es la casa, pero también algún elemento de apego que funciona para sentirse en casa. Recuerdo a una mexicana que me decía que vivía con una familia de venezolanos y franceses. Y que le encantaba, porque ellos la sentaban a la mesa a comer. Se sentía incluida”, dice.

En pandemia, continuó con la investigación. “Creé una especie de damero, como si fuera una galería de videollamadas con nueve mujeres, proyectado sobre un palimpsesto, capas y capas hechas con carteles arrancados de la vía pública. Esa superposición de voces, de realidades, conviven en el seno de un hogar”, cuenta. El damero se abre, y aparece una canción de cuna. Después, se ve un paisaje a través de una ventana. Dos manos muestran las palmas y se confunden con la tierra. Cocinas limpias y ordenadas. “Mi deseo es honrar la vida de ellas”, dice Toto Blake. En unas bateas con agua el espectador puede verse reflejado como una capa más de las proyecciones. “El agua es el elemento migrante, que conecta a las diferentes culturas”, señala.

En otra sala del espacio, una muestra de Gabriel Altamirano parece dar cuerpo a la necesidad de soñar. Alma naciente despierta el deseo, el descanso y la fragilidad. Con dibujos, esculturas, piezas textiles, instalaciones y dispositivos sensoriales crea una experiencia para el visitante. Gastón Fournier, el curador, remite a Gastón Bachelard, que definía como estados de ensoñación a esos espacios donde la imaginación deja de representar el mundo para comenzar a construirlo. “Vivimos imaginándonos permanentemente. Proyectamos versiones futuras de nosotros mismos. Imaginamos vínculos, logros, transformaciones, encuentros, reconocimientos. Habitamos imágenes antes de habitar realidades. Y quizás buena parte de nuestras vidas se construya precisamente sobre esas ficciones íntimas que nos permiten avanzar”, escribe Fournier, y habla de la muestra de Altamirano, pero también de la de Toto Blake, y quizá de los propios visitantes. Un cuerpo blando de cinco metros de altura yace en medio de la sala. Dan ganas de recostarse al lado suyo. Lo mismo que las almohaditas donde todavía se dibujan los rostros que cobijó. Dan ganas de cerrar los ojos y soñar. Invita al descanso y a imaginar un nuevo futuro.

Para agendar

Hoy, a las 18, la Casa Nacional del Bicentenario inaugura Red (Unión) de Paula Toto Blake, fotografías y videoinstalaciones, curada por Florencia Battiti. Alma Naciente, de Gabriel Altamirano, con curaduría de Gastón Fournier. De miércoles a domingos, de 15 a 20, hasta el 12 de octubre, en Riobamba 985. Entrada libre y gratuita.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/palimpsesto-de-suenos-de-las-mujeres-que-cuidan-hogares-ajenos-nid12082026/

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