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Carlos Casella: las confidencias con Griselda Siciliani, la internación que retrasó su estreno y el valor de la desnudez

Se llama Carlos Hernán Casella. En su cuenta de Instagram se sintetiza como “Carlitos Casella”, como tanta gente del medio lo menciona con cercanía y afecto. Indudablemente, se trata de uno d...

Se llama Carlos Hernán Casella. En su cuenta de Instagram se sintetiza como “Carlitos Casella”, como tanta gente del medio lo menciona con cercanía y afecto. Indudablemente, se trata de uno de los artistas relevantes que expresa el arte desde una diversidad de lenguajes. Es actor, cantante y bailarín. Su cuerpo dice tanto como lo que sostiene con la oralidad.

Esa mixtura se pondrá en juego nuevamente desde este jueves 30 de julio cuando estrene Boîte, su nueva aventura escénica, donde, una vez más, compartirá la acción con Griselda Siciliani, quien reúne sus mismas destrezas artísticas y una empatía que los unió hace años en la labor profesional y en el vínculo fraternal.

“Si las cosas no están sucediendo en la vida real, los proyectos descansan dentro de mi cabeza, esperando que los pueda poner sobre la mesa y desarrollarlos, soy mi propio impulso y rara vez me subo al de otro, como me sucedió con La revista del Cervantes, que fue una experiencia hermosa”, reflexiona el actor, mientras pide un café chico en el bar de un hotel que mira hacia el verde de la avenida 9 de Julio.

Un alto en su huella, en medio de los ensayos de la aventura que, en horas, llegará al escenario de La Trastienda y ya recuperado de una operación de apendicitis que demoró el estreno algunas semanas.

Trilogía

Boîte será un show interdisciplinario que completará la línea trazada con los precedentes Estás que te pelas y Sputza, donde Casella y Siciliani definieron un modo de hacer y decir.

-¿Cómo se gestó el material y en qué momento artístico te encuentra?

-Con Griselda (Siciliani), llevamos diez años buscando que nuestros caminos paralelos se vuelvan a juntar.

El paréntesis no es tal. En el interregno, el dúo ofreció Pura sangre, el amor es un monstruo, otra joya escénica donde también participaba Jorgelina Aruzzi desde la dramaturgia y la dirección y donde Casella no subía al escenario, pero era corresponsable de la creación y la dirección. Se trataba de un espectáculo arrollador y visceral que se ofreció bajo la producción de Tomás Rottemberg. Un saludable riesgo en plena Calle Corrientes.

-Pensemos en Boîte.

-En este caso, la dramaturgia está dada por la música, por lo ocurrente del repertorio, por lo inverosímil de hacer estas canciones todas juntas.

Se trata de versiones tocadas en vivo -el espectáculo cuenta con dirección musical de Diego Vainer-, pero también la propuesta apela a textos propios en boca de los personajes y que perfilan la idea conceptual del material. Ana Frenkel -otra fiel compañera de ruta- participa como colaboradora en la creación y puesta.

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Como en los títulos anteriores, la diversidad expuesta es un sello que define a Boîte, alejándose de lo previsible y rompiendo prejuicios entre el “deber ser” y aquellas melodías que pueden ser asociadas a una concepción exponencialmente popular. “El repertorio te va a decepcionar”, provoca el actor.

Entre el humor y lo confesional, el drama y la sensualidad, pivotea el hilo conductor que también rescata algo de la atmósfera del cabaret de lujo, algo así como una pócima surgida de “Lili Marleen”.

-La palabra “boîte” remite a una época.

-Nos lleva a la década del setenta, a las boîte de nuit de Francia. En nuestro país, quedaba snob y “chic” utilizar ese concepto.

-Poco tenían que ver los espacios locales con aquellos de París.

-Los de Francia eran una especie de antros, acá tenían que ver más con las discotecas.

-Pienso en lugares de encuentro como Mau Mau.

-Sunset, Hipopotamus.

-Volvamos al repertorio de Boîte.

-Buscamos darle de comer a la expectativa y, cuando eso se está por cumplir, nos vamos para otro lado. Se trata de nuestra boîte, donde entramos a mostrarnos y a mostrar, mirar y ser mirado.

-Como solía ser la lógica de esos espacios.

-Y allí habrá un repertorio desde bien argentino hasta italiano.

“Prefiero la sorpresa”, se escuda ante la negativa de adelantar algunos de los títulos que confiesa “off the record”.

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Una banda en vivo -integrada por Tomás Carnelli, Santiago Martínez y Valentín Manzoni- acompañará a los artistas, en el marco de una concepción escenográfica diseñada por Alberto Negrín y la sofisticada iluminación de Gonzalo Cordova. El vestuario es responsabilidad de Pablo Ramírez, con lo cual es de esperar una paleta de valores cromáticos en torno al blanco y el negro de las telas.

“Me gusta pensar en la transformación, comenzamos en el cliché y todo eso se va rompiendo y convirtiendo en otra cosa”. Cumbia, canción romántica, tango, rock barrial. Todo eso es parte de la mixtura de la rutina. “Contiene unos cuantos hits reversionados”, dice.

El espacio de La Trastienda dialoga acertadamente con Boîte y con la emocionalidad de Casella: “Cuando se inauguró, en 1994, allí estuvimos con El Descueve a la hora del té y, en 2000, ofrecimos Hermosura y la rompimos”. También en el espacio de la calle Balcarce al 400, en pleno San Telmo y a cuatro cuadras del ingreso principal de la Casa Rosada, el artista ofreció Babooshka, canciones de mujer. Allí mismo, en 2015, Casella y Siciliani estrenaron Sputza.

Fraternal

-El vinculo con Griselda Siciliani es casi de hermandad.

-Es muy singular, voy a caer en todos los clichés. La conozco desde hace veinticinco años, cuando ambos nos dedicábamos a la danza y ella tomaba clases conmigo, recién comenzando con su rol como actriz. Cada uno se singularizó y tomó su camino, ella ingresó a la televisión y lo audiovisual y yo continué con lo teatral, la música y la danza. Sin embargo, cada tanto, había un punto de encuentro, muy motorizado desde el deseo. Siempre estamos mascullando hacer algo nuevo. Cada vez que nos encontramos es una celebración, me pasa con muy poca gente. Hay una química y una felicidad por trabajar juntos que se expresa en lo que hacemos.

-Es interesante como Siciliani, a pesar de su repercusión en un circuito masivo y también valioso, ya sea desde el teatro, la televisión o las plataformas, se permite los paréntesis para regresar a la escena experimental.

-Es una de las figuras más interesantes del habla hispana. La conozco tanto que me cuesta verla, siempre tardo un poco más que el resto, no soy el que vio Envidiosa ni bien se estrenó.

-¿Por qué?

-Porque me maravilla, tengo que digerir todo lo que hace.

Más allá de lo artístico, el vínculo entre Casella y Siciliani se nutre en lo personal: “Somos muy amigos, cuando nos encontramos a ensayar, durante la primera hora conversamos y los demás nos tienen que aguantar”.

-¿Aparece el confesionario?

-Nos contamos todo, nos aconsejamos, tenemos grandes frases.

-En tu caso, la provocación es un modo.

-Me interesa transitar diversos lenguajes. Puedo hacer Puto y orquesta y salir en pelotas, siendo una propuesta de belleza inmensa, pero con cierta acidez. Cuando hice Superfundo, con Diego Vainer y Gonzalo Cordova, comenzaba cantando a Barbra Streisand en un ataúd.

-El lenguaje corporal, la desnudez, son poéticas que te definen. ¿Buscás la perfección física? ¿Es una presión responder a eso?

-¿A qué te referís?

-Tu cuerpo se expresa desde una semántica que buscás remarcar como un punto de contacto entre la palabra y la música y donde el signo de la sensualidad de la desnudez no te es ajena.

-Desde muy chico trabajo en la danza, con mi cuerpo como principal instrumento, como base de operaciones. La danza tiene una mirada sobre el cuerpo de la que no me interesa zafar. Aún cuando cante en un lugar pequeño, voy a pensar en cómo se ubicará mi cuerpo, cómo utilizaré el espacio, siempre hay un pensamiento en esa dirección. Es disfrutable.

“Cuando el cuerpo te frena, llega ese silencio donde, sí o sí, podés reflexionar sobre el todo, en cómo estás armando el puente, qué estás haciendo de más o forzando sin dejar que fluya”.

Su intervención quirúrgica -muestra las secuelas en su piel de la intervención laparoscópica- lo retuvo durante casi una semana en una clínica, tiempo suficiente para pensarse y balancear su existencia. “Me llama la atención que se me haya generado una apendicitis aguda unos días antes de estrenar”, afirma.

Justamente, en su brazo izquierdo, se lee “endoku yaku”, un lema, de la tradición japonesa, que bien acompaña su presente: “Significa ´transformar veneno en medicina´; siento que mi apendicitis la necesitaba para tomarme una buena medicina”.

-¿Qué te ha proporcionado ser adepto a la filosofía budista que te acompaña desde la adolescencia?

-Es una forma de mirar todo. A veces me pregunto qué me da el budismo y no siempre encuentro la respuesta, pero lo que siento es que no podría vivir de otra forma, alejado de esta práctica y este tipo de pensamiento.

-¿Por ejemplo?

-Me lleva a entender que somos ilimitados en nuestro potencial; que somos uno, nosotros y el medio ambiente; que las cosas no suceden separadas unas de otras. El budismo es una herramienta que tengo a mano, un espacio de rescate y reflexión profunda, de poder darle a todo un sentido espiritual. Razón y corazón juntos.

-Budismo y estoicismo hablan sobre la impermanencia.

-Es así, cuando tenía un camino trazado, terminé repentinamente dentro de un hospital.

Enseñanzas

La madre de la actriz y bailarina Ana Frenkel fue quien lo introdujo en el universo budista, pero fue “Tori”, su mamá, quien lo acompasó en otro tipo de enseñanzas. “Se llama Victorina, tiene 87 años, y está guapísima”.

A los 14 años perdió a su padre y hace cinco meses falleció la pareja de su madre: “Fue un segundo papá, mi mamá y él compartieron cuarenta años de sus vidas; por primera vez, ella está sola, ´Lalo´ fue muy bueno con nosotros”.

Se crio en la frontera entre Belgrano y Núñez y su emancipación fue casi siendo un adolescente. “Soy el tercero de tres hermanos, así que fue medio fast food la crianza”.

-¿Por qué también te tatuaste la palabra “yuyito”?

-Así me decía mi mamá, porque me crie solito.

-A los 14 años, ¿cómo se elabora la partida de un padre?

-Fue raro, como se pudo. Mal, a los ponchazos. Mi vieja siguió trabajando para mantener la casa, pero hubo que ayudar en la economía de casa.

-En ese tiempo, ¿dónde trabajabas?

-Como ayudante en un taller de escultura que pertenecía a mi cuñado. Aprendí el oficio de ceramista, llegué a fabricar souvenirs, campanitas de barro, caretas, tazas, platos. Luego fui modelo vivo para pintores y empecé a trabajar con el cuerpo.

Se enternece con aquellos tiempos y sale del paso con una humorada: “Me desnudaba para ganarme el pan, pero ninguno de esos pintores se hizo famoso, ningún (Guillermo) Kuitca me contrató”.

En edad escolar ya se vislumbraba su perfil artístico, al punto tal que, para un acto escolar, organizó la simulación de un almuerzo de Mirtha Legrand. “¿Cómo sabés eso?”, se sorprende.

“Fui el actorcito y el locutor de la escuela primaria, en el secundario me calmé, hasta que conocí a Ana Frenkel y ahí se volvió a despertar el bicho de lo creativo. Cuando terminé el secundario, me vinculé con la gente del rock, canté dos años en Modelo blanco, desesperado por no entrar a ninguna carrera universitaria”, cuenta.

Un hito

A comienzos de la década del noventa fundó la compañía de teatro y danza El Descueve, una revolución estética y performática para decir desde otro código: “Éramos un grupo de bailarines, pero medio deforme, porque yo era más cantante y María Ucedo se desarrollaba más como actriz, pero había un punto en común”. Junto con Casella, Frenkel y Ucedo, también estaban Gabriela Barreiro y Mayra Bonard. Cinco años después, el colectivo participó en Villa Villa, el show de De la Guarda.

-Ejercés un modo de hacer muy propio, con una estética e ideología que es distintiva de tus propuestas. ¿Cuesta ser fiel a ese ADN en un medio que, quizás, apuesta a responder necesidades de mayor masividad?

-Tendría que sacar conclusiones sobre qué espero del medio. Tengo una manera de trabajar y no me quedan muchas opciones, trabajo así. El proceso va armando el espectáculo, nunca tengo la hoja de ruta muy definida. Me interesa el trabajo en equipo. Aprendí eso desde que comencé a trabajar a los dieciocho años y a los veinte formando El Descueve.

Define ese engranaje como “crear, producir, dirigir e interpretar”. Y, si bien reconoce que ese modus operandi es visceral, lo cierto es que no duda en reconocer que “por momentos, puede ser un poco pesado”.

Boîte tampoco se aparta de ese sendero: “Producimos Griselda (Siciliani) y yo, junto a colaboradores que se han asociado y que apuestan por nosotros”. Y, si bien, entiende que el “amparo” de una compañía productora puede facilitar mucho el desarrollo de un material, también confiesa que “las veces que trabajé con productores, me sentí un poco agobiado. Tenía que replegarme en mis decisiones, aunque siempre hice lo que quería hacer, nunca quedo decepcionado con lo que hago".

En París, fue dirigido por Alfredo Arias. Sin embargo, cuando fue convocado, junto a Alejandra Radano, para participar en el show de cabaret Paradis latin, rechazó la propuesta.

Suceso

“El elenco original de La revista del Cervantes no va a la temporada de Mar del Plata o, al menos, hasta ahora no fuimos convocados”, indica. Sobre la finalización del espectáculo, aclara “teníamos un contrato hasta el 30 de mayo, no se iba a extender más allá de ahí”.

Los ensayos habían comenzado en marzo de 2025, dos meses antes del estreno, y, dada la repercusión de la propuesta, la temporada se extendió varios meses más de lo previsto. Sabido es que las temporadas de los espacios oficiales, en este caso el Teatro Nacional Cervantes, tienen un plan de trabajo con fechas pautadas de antemano, sin que la afluencia o no del público altere tales plazos. En este caso, se decidió continuar con el espectáculo en cartel para satisfacer la demanda de los espectadores".

Despejando dudas, remarca: “Estuvimos un año completo, pero un desperfecto técnico hizo que frenemos antes y que, al no poder arreglarse ese motor del escenario, llegara la fecha del fin de los contratos. Fue un poco amargo terminar así, porque fue un espectáculo explosivo y de mucha comprensión de todo el equipo, me refiero desde Gonzalo Demaría, el director del Teatro Nacional Cervantes, hasta todos los que subíamos al escenario”.

En pareja hace tres años con Gastón, un terapeuta sistémico que conoció a través de las redes sociales, “donde se conocen los hombres”, y que es padre de una adolescente, situación que le permite experimentar, por primera vez, la cercanía con ese rol.

-¿Te percibiste padre?

-Nunca fue un proyecto, pero con la hija de mi novio la relación es espectacular.

-¿Sufriste discriminación en algún momento de tu vida?

-¿Por puto? Si claro. Les diría, “miren a quien le hacían bullying”. Mis compañeros del colegio se deben haber dado cuenta antes que yo que me gustaban los chicos. Cuando hice Puto y orquesta me resultó interesante volver el insulto en halago.

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-Repasando tu trayectoria, no es factible encontrar una propuesta menor, improvisada, que no contenga una búsqueda detrás. Has sido, y sos, un gran curador de tu propia carrera, por cierto, exquisita.

-Me vas a hacer llorar, estoy recién operado y muy sensible. Llevo treinta años de carrera y todo lo que hice, lo volvería a hacer.

Para agendar

Boîte, jueves a sábado a las 20, La Trastienda (Balcarce 460)

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/personajes/carlos-casella-las-confidencias-con-griselda-siciliani-la-internacion-que-retraso-su-estreno-y-el-nid30072026/

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